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sábado, 9 de julio de 2011

Reflexión acerca de una experiencia capitalina DEPORTE Y VIOLENCIA


La peña deportiva Parque Central, en la capital del país es, sin discusión alguna, una de las plazas públicas de socialización de la masculinidad hegemónica más importante en la actualidad. Posee un incalculable valor histórico-cultural, que goza de una fuerte tradición en la sociedad cubana como espacio de intercambio de significados, percepciones y códigos específicos entre hombres aficionados al béisbol, los cuales coinciden con los rasgos del patrón de comportamiento masculino hegemónico legitimado socialmente en Cuba.

Así lo corroboran las técnicas de investigación aplicadas durante esta pesquisa y el proceso de observaciones no participantes y participantes que se realizó en el lugar, durante casi un año de trabajo.

Este espacio público no constituye, solamente, un sitio donde acuden hombres a debatir de pelota u otros deportes, sino que se discute una infinidad de temas sociales que demuestran la necesidad que sienten de polemizar todo tipo de cuestiones que se vinculan directamente con sus vidas y con el resto de la sociedad cubana. En este sentido, creemos que es un espacio de realización individual y colectiva, así como de reafirmación de la masculinidad hegemónica en tanto expresión social.

Un promedio estimado de 80 aficionados se dan cita diariamente. La gran mayoría asiste por las tardes, horario donde se originan los debates más intensos y productivos, debido a la gran afluencia de personas que van saliendo de sus centros de trabajo o estudio.

La composición sociodemográfica del grupo de aficionados de la peña deportiva Parque Central, es variada y, a la vez, homogénea. Se observa gran diversidad en cuanto a las edades; mas lo semejante se percibe en que este es un grupo, por lo general, de hombres. La composición «racial» se caracteriza por un fuerte predominio de negros y mestizos, en comparación con los blancos. Este elemento no tiene que ver con problemas raciales dentro del grupo social, ni con el estereotipo de que los negros y mestizos demuestran más gusto por el béisbol, y por eso acuden en mayor número a la peña, sino que esta última está enclavada entre dos municipios (La Habana Vieja y Centro Habana), donde casi el 50 % de su población es negra y mulata, a juicio del historiador Félix Julio Alfonso López.

Los niveles escolares de sus integrantes oscilan mayoritariamente entre noveno y doce grado, con un alto por ciento de aficionados de nivel técnico medio. La mayor parte de estos está vinculada al trabajo y/o estudio, así lo evidenciaron las técnicas aplicadas. La presencia de aficionados asiduos, con un nivel escolar universitario, no es constatable en igual medida. Mientras, el rango de edad se extiende aproximadamente desde los 24 hasta los 80 años, con predominio entre los 30 y 50 años.

Violencia de género y béisbol: ¿se dan la mano?
Los debates acerca del béisbol que sostienen los aficionados en este espacio público son intensos, apasionados y caracterizados por una constante agresividad y violencia psicológica. Se constató que mantienen entre sí «buenas» relaciones, sobre la base del respeto; pero esto no significa que no se muestren con una actitud ofensiva y defensiva ante los criterios de otros.

Para debatir cualquier cuestión relacionada con el béisbol, exaltan sus emociones y exteriorizan rasgos masculinos hegemónicos. El querer imponer sus criterios por encima de los demás, la fuerte carga de violencia que lleva implícito lo que dicen, evidenciada por la manera en que se comportan: gritos, ofensas verbales, gestos con las manos y el cuerpo, que indican rivalidad con otros hombres, son algunos de los más comunes.

Los mismos aficionados son los que consideran que el béisbol es un deporte que genera violencia, debido a que es un juego de competencia y enfrentamiento entre hombres. De esa forma asocian el hecho de ser hombres con el ejercicio de la violencia, como si fuera un fenómeno natural.

Esta constante violencia y rivalidad, se debe señalar, no tienen su explicación en fenómenos naturales. Están dadas por la reproducción de estereotipos sociales que las legitiman, como los comportamientos relacionados con la masculinidad hegemónica. Esta tipología de las masculinidades se socializa todo el tiempo en la peña.

Durante los debates diarios, los aficionados se conducen, al menos en apariencia, de acuerdo con las reglas o exigencias de un patrón de conducta masculino que se refiere concretamente al comportamiento masculino violento, agresivo, machista, rudo, mujeriego y dominante.

El deber ser…
Para este grupo, los aficionados al béisbol deben ser «hombres de verdad», demostrar que saben de pelota y discutir todo el tiempo sin dejarse derrotar, cuando se rivaliza con otro aficionado. Esto denota que la masculinidad es, para ellos, una conducta que está configurada por la tradición y el sistema patriarcal de relaciones sociales imperante en la sociedad cubana. Esta se distingue, entre otras cosas, por no permitir que otro hombre te hable en voz alta, gesticule frente a tu rostro o pretenda destruir tus valoraciones para hacerte «quedar mal» ante otros.

En otras palabras, se trata de una interminable competencia para probarse a sí mismos y demostrar, ante los demás, que gozan a plenitud de virilidad y hombría. Ese afán de no dejarse vencer en una simple discusión sobre pelota, describe la presencia de otra de las características de la masculinidad hegemónica.

El hecho de que sea visible la constante exteriorización de determinados rasgos de la conducta por parte de estos aficionados durante los debates sobre béisbol, como aparentar ser fuertes, capaces de sostener una discusión con otro u otros aficionados, demostrar control y superioridad en la situación, mantener una actitud de intimidación psicológica para con el resto de los aficionados; la virilidad, el carácter recio e intolerante, el saber darse a respetar, alardear todo el tiempo acerca de hazañas personales, ingerir bebidas alcohólicas, proferir palabras obscenas, mostrar insaciable sed sexual por las mujeres y manifestar una actitud represora hacia ellas y hacia los homosexuales, nos permite concluir que en este espacio público urbano se socializa el patrón hegemónico de comportamiento masculino.

Para los integrantes de la peña existe una estrecha relación entre los aficionados y las características del béisbol, ya que este último condiciona a sus seguidores que socialicen de acuerdo con los requerimientos del patrón de comportamiento de la masculinidad hegemónica. El béisbol en Cuba se juega fuerte, agresivo, a ganar «destrozando» al rival y precisamente es lo que hacen los aficionados de la peña Parque Central cuando debaten.

Los jugadores cubanos de béisbol son símbolos de la masculinidad hegemónica para los aficionados. Mientras más machista, tosco, varonil, violento y habilidoso sean durante el juego de pelota, más aceptación ganan entre estos. Precisamente ellos tratan de cumplir con este esquema que configura la dinámica del béisbol en la sociedad cubana, y lo logran. Todo esto no hace más que obligar a los jugadores y aficionados a cumplir con un patrón masculino hegemónico, determinado por todos los elementos que se han enumerado.

El béisbol, amén de constituir nuestro deporte nacional, influye, en calidad de fenómeno social, en la manera de pensar, de actuar, de millones de seguidores en el país. Condiciona, sin dudas, directamente a todos los que se consideran sus fervientes admiradores.

Más estudios sobre este tema en nuestra sociedad pueden contribuir a validar el hecho de que para ser aficionado al béisbol, no hace falta extralimitar nuestra masculinidad y reducirla a simples comportamientos en el ámbito público, solo para ser socialmente aceptados y evitar posibles exclusiones.

Creemos que en Cuba tenemos que estimular la elaboración de trabajos acerca del tema de las masculinidades. Existen muchos grupos de hombres que socializan a diario sobre diversos temas sociales y que pueden ser abordados desde la sociología. Si llevar a cabo estudios sobre mujeres es importante, la realización de estudios sobre los hombres y sus masculinidades es también indispensable. Nuestra historia ha sido –aún está siendo- construida en gran medida por hombres, seres humanos que también tienen derecho a enfrentarse a los arraigados patrones obsoletos y tradicionalistas como los prejuicios sociales que existen alrededor de las masculinidades. Si no empezamos por tener al menos la intención de desmontar algunos pensamientos machistas y patriarcales, nunca seremos capaces de conocernos a fondo

Machismo rural : Estrategias para el cambio

Por Dayron Oliva Hernández

Un profesor universitario me decía, con risa, que su abuelo, oriundo de Islas Canarias, regañaba a sus animales de trabajo y la emprendía a golpes para que hicieran bien su cometido: «¡Ah!, porque jueguito conmigo, no», eran algunas de las palabras que recordaba.
Muchas historias similares  podemos escuchar a diario acerca de los hombres que viven y trabajan en las zonas rurales cubanas. La manera en que se les asocia, para bien o para mal, desde la mirada popular y urbana, los describe como guajiros, rudos, fuertes, con poco nivel de instrucción, soberbios, laboriosos, etc.
Sin hábito de que se juzguen los significados de su contenido, lo cierto es que un conjunto de adjetivos relacionados con el campo, la tierra y los animales de carga todavía incide en cómo se piensa el mundo rural cubano. Así, sin que las personas se den cuenta, los estereotipos que enmarcan a los «hombres de campo» los limitan hacia una masculinidad rural rígida, que dificulta una reflexión crítica de las implicaciones de las relaciones de género entre hombres y mujeres en el ámbito rural.
Algunos especialistas señalan el carácter difícil del mundo rural para cambiar ciertas tradiciones y costumbres, más cuando forman parte de un presunto orden «natural» de las cosas. Es por eso que pensar en ese contexto acerca de cómo se definen los hombres en relación con las mujeres, pasa por cuestionarnos lo que ha significado la identificación de la masculinidad rural a las «difíciles» circunstancias de trabajar la tierra, sus actividades económicas y el manejo de los medios de producción, como los animales.  
A juicio de Mavis Dora Álvarez Licea en su artículo Masculinidades cubanas: El machismo guajiro, en la sociedad rural actual persisten y se reproducen patrones culturales tradicionales, muy propios del régimen patriarcal, aun cuando las condiciones sociales, económicas y la cultura en general, de la población rural, gracias a los programas de la Revolución, han devenido una mejoría ostensible de la calidad de vida y la participación social. Su parecer establece que en la masculinidad del hombre rural cubano —típica de un modelo hegemónico—, destaca la sobrevivencia de actitudes y comportamientos machistas, en cuanto al falso derecho del dominio sobre las mujeres, las conductas violentas, el alcoholismo, los estereotipos raciales y sexistas, la homofobia, entre otros.

Una mirada desde la masculinidad y el género al escenario campesino pondría en discusión las consecuencias de las conductas machistas de los hombres, sobre todo porque haría ver cómo los actos de discriminación por género todavía existen y tienen que ver con aspectos socio-culturales derivados de la aún no extinta ideología patriarcal, de su modo de construir la masculinidad y sus incidencias en los modos de relacionarse los hombres y las mujeres.
No es dejar de ser masculinos, sino cambiar el machismo
Contrario a lo que usualmente se piensa en el entorno rural, es por razones sociales y culturales por las que se constituye el género de forma diferente según el sexo. El engaño del orden desigual entre mujeres y hombres, y la oposición de estos a aceptar que las mujeres ganen poder y protagonismo, han radicado, entre otras causas, en que se asume una «masculinidad verdadera» por argumentos biológicos que justifican la «hegemonía» de los hombres sobre las mujeres.
De ahí la importancia que tuvo la experiencia del grupo Masculinidades en Cuba, de la Red Iberoamericana de Masculinidades —cuyo coordinador es el Dr. Julio César González Pagés—, con la conferencia-taller Feminismo y Masculinidad, en octubre del año 2008, como parte de los cursos que sobre género desarrolla la Escuela Nacional de Capacitación Niceto Pérez, de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), para funcionarios/as de esta organización.

Desmitificar creencias machistas, abordar las consecuencias del modelo hegemónico de la masculinidad, la indiscutible validez del feminismo cubano, para un ámbito donde las tradiciones patriarcales están enraizadas, si bien evidenció lo complejo que le resulta a un grupo de hombres no acostumbrados al tema cuestionar algo —la masculinidad— que no admite contradicción, por otro lado sembró la semilla de la duda y caló en ellos la necesidad de cambiar esas estructuras opresivas, para el bien de los propios hombres y las mujeres. 
No obstante, debatir desde la perspectiva de género, el feminismo y la masculinidad ponen bajo sospecha aspectos que han formado parte de las costumbres rurales y de lo que a hombres y mujeres se les ha exigido ser. También reveló un conjunto de problemáticas que refieren las contradicciones y malestares que generan en lo personal, a cada uno —a decir verdad, más en los varones—, tratar estas temáticas.
Confundir el cuestionamiento de la masculinidad con la homosexualidad y el dejar de ser masculinos fueron algunas de las preocupaciones que se originaron en los hombres. Ideas erróneas que por el desconocimiento en muchas ocasiones repercuten negativamente en la real comprensión de lo que se quiere cuando se plantea la masculinidad.
Otra paradoja equívoca asociaba la pérdida de poder para los hombres con la aplicación de las relaciones equitativas entre mujeres y varones, que se ha inclinado por empoderar y reconocer el protagonismo de ellas en todos los ámbitos del país, aun cuando se señaló que una de las secuelas lamentables ha sido el ejercicio de los hombres por diversos tipos de violencia, desde la psicológica hasta la física. Asimismo, esta paradoja llevaba implícito el falso parecer, que se tiene popularmente, que el feminismo tiende a sustituir el poder masculino por el femenino, o sea, como una versión femenina del machismo en los hombres.
Las posibilidades de cambio: el caso de la ANAP
Abordar la masculinidad rural cubana, las implicaciones en las relaciones con las mujeres y las contradicciones de las formas en que se construye, sobre todo el arraigado machismo, ofrece también la oportunidad de que cambien los patrones perjudiciales, porque ha significado opresión para las mujeres y los hombres que no cumplen sus parámetros, en resumen, desigualdad y discriminación para todas y todos. Al mismo tiempo puede representar un impedimento para un desarrollo orgánico y constructivo de la agricultura cubana que propone acorde con los principios de la Revolución, el Estado y la sociedad cubana.
En la actualidad vivimos un profundo proceso de transformaciones socio-económicas del modelo cubano, que subraya la importancia estratégica de la actividad agrícola y pecuaria. Sin embargo, no se debe obviar que el modo en que hombres y mujeres han sido construidos social y culturalmente, en modelos rígidos y opuestos, puede afectar ese imprescindible proceso.
En un área que en la práctica, por su cultura y educación histórica apegada a las justificaciones biológicas, ha sido reacia —en especial en el plano de las subjetividades— a que los hombres pierdan poder y protagonismo en favor de una reasignación y empoderamiento de la mujer, hay que tener en cuenta los efectos —para bien o para mal— de un proceso de transformación socio-económica para la concepción que tienen estos varones sobre sí mismos y las relaciones de género en ese espacio rural.   
Para que se tenga una idea, un análisis de la presencia de la mujer cubana en las actividades agrícolas, arrojaría, en cierta medida, la manera en que se conforma la masculinidad rural cubana y la probabilidad de revertir un orden de género basado en el machismo. Si lo socialmente aceptado alrededor de la mujer la sitúa en el entorno doméstico y familiar en un contexto de subordinación, esto no niega que existan mujeres con responsabilidades y se desempeñen en las diversas labores agrarias, a pesar de que estadísticamente haya un predominio de los hombres en todo lo concerniente al sector rural.
Cuando a finales de los años noventa del siglo pasado, dentro de las alternativas ante la crisis económica, las mujeres se incorporaron a sectores emergentes de la economía, en el que los hombres eran mayoría, como el de las campesinas privadas, llegaron a ser el 8,3 %; ya para el año 2008 representaban un 17,4 % de esta actividad económica.
Si por un lado muestra una desventaja, en cuanto a estadística, con respecto a los hombres, por otro indica el crecimiento que ha experimentado la presencia de la mujer en la práctica laboral campesina. Los desafíos —pensémoslo así— que se presentan pueden ayudar a trazar el camino para superar una brecha de género, así como un reto para los hombres y sus masculinidades de convivir en un proceso de transformaciones socio-económicas.
Asimismo, la labor de instituciones tan determinantes para la comunidad rural cubana, como la ANAP, resulta imprescindible para transformar esas estructuras subjetivas que nos atan a un pasado machista y patriarcal. La adopción de la Estrategia de Género, como parte de la voluntad política de su directiva nacional, constituye un paso —además de un ejemplo a seguir— a favor de la equidad de género, de reconocer el protagonismo y el empoderamiento de la mujer, así como de promover masculinidades no hegemónicas.
Durante el año 2005, la puesta en marcha de un diagnóstico participativo con enfoque de género, que incluyó el 50 % de todos los municipios del país, coincidió con el inicio de la estrategia, a partir de la creación de las comisiones de género a distintos niveles: municipal, provincial y nacional.
Lo que se pretendía era, entre otros objetivos, lograr una mayor incorporación de las mujeres a las diferentes estructuras productivas de la ANAP (CPA y CCS), así como fortalecer su papel incrementando su participación en los niveles de dirección y toma de decisiones; desarrollar la capacitación y la sensibilización en el tema de género a todas las estructuras de dirección, que incluía a los cuadros, cooperativistas, campesinos y sus familiares,  con el apoyo de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana. A través de las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia, se organizan conversatorios sobre temas de autoestima, igualdad, equidad, liderazgo y jurídicos, dirigidos a que el campesinado, y dentro de él las mujeres, conozca el derecho y las posibilidades que tiene al trabajo, solicitar tierra, a la licencia de maternidad, a estimulación, entre otros.
Sin lugar a dudas, el hecho de que la ANAP, en alianza con otras organizaciones, se preocupe por sensibilizar en cuestiones de género y masculinidad a toda su membresía y sus familiares, brinda un marco propicio para que líderes campesinos, ya sean hombres o mujeres, desde lo personal, lleven adelante un proceso viable de cambio de los valores patriarcales y machistas que sustentan un modelo hegemónico de la masculinidad rural cubana.

El miedo al que dirán. Masculininidades sexualidad y violencia

El pronóstico para adivinar un posible tema de conversación de algunos grupos de hombres es casi infalible. El «menú» que ofrecen generalmente gira alrededor del deporte, la música o el sexo. Por lo general, estas charlas no están «condimentadas» con revelar intimidades sin despojarse de una postura etiquetada como masculina, y en relatos que no sobrepasan la mejor canción o película, el partido de fútbol más «eléctrico», o la muchacha del momento.
El ideal en estas conversaciones es exponer los valores de valentía y destreza atribuidos socialmente a la conducta masculina. El machismo, como oficialización de ese supuesto sexo superior, es defendido desde los comportamientos violentos, las palabras y frases que afiancen su hegemonía y la represión total de sentimientos, ahogando así cualquier indicio de emociones jamás concebido en un «verdadero varón».
Mi propuesta es revelar una charla entre jóvenes que pudieron apartar ese silencio y se confesaron frustraciones, preocupaciones y experiencias sobre uno de los grandes miedos que enfrentan los hombres: la sexualidad.
Fue una tarde en que solo tuvieron un turno de clases y aprovechando lo temprano que era para llegar a casa, decidieron platicar en las escaleras del Rectorado de la Universidad de La Habana. Emilio rápidamente convidó a prestarle atención a un cuento acerca de su última experiencia sexual. El mismo trataba sobre ese pretendido deber de los hombres en «quedar bien» durante el sexo y la posición elemental de dominadores o kamasutras vivientes, que no permiten en muchas ocasiones el disfrute y el placer que brinda la sexualidad.
—¡Jamás imaginé que podía pasarme! Siempre confié en mis artimañas para dejar buena impresión. Aun en los momentos más apretados, continuamente salí airoso. Pero toda hoja de árbol tiene su otoño, o todo tigre tiene esa escopeta que lo fusila.
—Quedé con los chicos del barrio en pasar el fin de semana en casa de un familiar de Celia, cerca de la costa. La festividad ameritaba la ocasión de acostarme con Amanda, la chica con la que llevaba saliendo algún tiempo y que mantenía mi mente y cuerpo ocupados en conseguirlo. No se trataba de convencerla o emborracharla para terminar en la cama, hace rato que ambos lo deseábamos, pero no teníamos el lugar ni la tranquilidad para esto. La expectativa que construimos para el anhelado momento fue muy simpática. Yo me anunciaba como un tigre, pues mi calzoncillo tenía un dibujo de semejante felino, y de ahí mi alarde previo como «el animal». La noche indicada fue el sábado, llegaba con un clima perfecto, y una habitación solo para nosotros dos.
—Honestamente, quería impresionarla, dejarla con la mejor opinión de mí sobre las «cuestiones eróticas». El instante de desnudarnos fue muy sensual y erótico, pero mi objetivo no era ese. Me sentía como si tuviese una agenda con los pasos a seguir y en la que iba anotando bien o mal mis acciones. Los besos y caricias tejieron una atmósfera de excitación enorme, pero mis ganas de hacer «el verdadero sexo» no me permitieron disfrutarlo y fueron para mí simplemente una señal para la penetración. Aquí comenzaron a fallarle los zarpazos al felino.
—¡Mi madre! ¿Qué me pasa? ¡Si en las películas lo hacen tan fácil! Simplemente no pude hacerlo. Mi cuerpo perdió el aire tal como un globo desinflado, y mi bandera blanca ni siquiera tuve que izarla, colmo fuera que se alzara ahora. El tigre había quedado disecado en una sala de trofeos. Había terminado más bien como un minino. Pasaron tantas cosas por mi cabeza, viagras, huevos de codorniz, guarapo, perlas, vergüenza. Me senté en el borde de la cama donde la oscuridad no dejaba ver mi rostro.
La confesión de Emilio impresionó al resto del grupo. Su supuesto fracaso sexual se debió en parte a la ignorancia de que el sexo existe más allá de la penetración y por la construcción de una imagen del hombre incansable y domador, vendida por el imaginario colectivo.
Su confeión albergó intimidad con el resto de los muchachos, pues contó algo que no lo pintaba como un triunfador, y eso denotó confianza, la necesaria para que Enrique hablara de un tema que lo perturbó durante su etapa en la beca. El asunto de las denominadas perlas que se colocan en el pene, que pueden llamar la atención a más de una persona, sobre todo cuando se ofertan con la intención de satisfacer a las mujeres. Lo cierto es que puede ocurrir hasta la amputación del miembro por las precarias condiciones higiénicas con que se las colocan, pero ese riesgo lo corren muchos, y otros se lo piensan bastante, como Enrique.
—En la beca, el tiempo de descanso era añorado, pero realmente poco; solo al término de las comidas y en el horario de baño, donde inmediatamente después nos ordenaban dormir.
—Había entre los socios un joven al que llamaron «el médico», porque quería estudiar enfermería. Ante tanto alboroto por la actividad sexual futura, el médico abrió su negocito de colocarles perlas a los penes de sus «compañeros de aula». Por tres CUC, tendríamos esos adornos destinados a satisfacer como nunca a nuestra pareja. El material de la perla era de acrílico, que los clientes pulirían para evitar la rugosidad. El ruido a la hora de frotar el acrílico contra la ventana o la litera era insoportable.
—El primero en ponérsela fue Elier, quien tuvo como público a casi todo el grupo, encaramados en las literas o haciendo un cordón en el pasillo. Los utensilios del «médico» eran un pomo destapado, una cuchilla y una jeringa con anestesia, ambas estériles, según él. Ya después pasaron por sus manos Leandro, el «Coti», el «Crema» y Juan Carlos.

—El dormir era interrumpido entre las campanas de «el de pie» y los gritos de los pacientes. El último en ser atendido fue el propio médico, en una autooperación que no terminó para nada como soñó. La cirugía sufrió una infección irremediable, su perla se le cayó y dejó una herida espeluznante, que lo mantuvo muchos días en extrema preocupación. Cuando no tuvo más remedio que ir al hospital, regresó con toda una lista de recetas médicas, su pene «momificado», y la amenaza de perderlo.
—Las penosas «heridas de guerra» de mis compañeros lesionados y las victorias no tan claras de los otros, me alejaron la idea casi sentenciada de ponerme una perla. No les veo otro lugar que en un collar o dentro de las ostras en el mar, y mi empeño que sea el de recurrir a otros métodos para brindar y recoger el placer en el amor.
El tamaño del pene, las erecciones, el sexo, son temas que no son profundamente abordados por el temor de verse afectada la masculinidad y dejar la impresión de inexpertos. Precisamente este temor afecta la comunicación de los hombres, y es un listón a saltar.

“La vida loca”, un discurso sobre identidad y violencia.

Por Wilfredo Pomares Ángel.
 
                                      En la foto equipo de la Red Iberoamericana de Masculinidades debatiendo La vida Loca

El Largometraje “La vida loca” de Christian Poveda, realizador francohispano, resultó una de las mejores propuestas documentales del decimocuarto Festival de Cine Francés. Es el resultado de año y medio de trabajo infiltrado en la pandilla salvadoreña Mara 18. La empatía del público cubano con ese sentimiento angustioso que despierta el filme no puede ser menos que un homenaje póstumo al buen hacer del asesinado director.
Como estudiante de ciencias sociales, mi mirada se enfocó (no sin esfuerzo de separar emociones) en la vocación antropológica de Poveda, en tanto que volcó su lente sobre dos temas trascendentes: la identidad y la violencia.
Algunos preliminares:
La pandilla en la que se introdujo para hacer su documental lleva un nombre con una historia. Con el nombre de Mara se conocen esas pandillas que fueron originadas en la inmigración latinoamericana a EE.UU., en las condiciones de marginalidad, violencia y delincuencia que tuvieron que aprender y desarrollar ante la hostilidad de la política migratoria y el racismo que la segrega obligándola a formar gethos para sobrevivir. El fenómeno se extendió hacia México y Centroamérica a través de la deportación. El Salvador, tras el fin de la guerra civil a principios de los ´90, ha sido el mayor receptor de pandilleros repatriados forzosamente por el gobierno de EE.UU.
Cada vez se agregan más jóvenes de sectores sociales marginados que son considerados como una amenaza social por la eventual violencia con que actúan tanto hacia afuera como hacia dentro estos grupos, a esto se le suma el agravante de la producción, distribución y consumo de drogas como el crack, mariguana, pegamento para zapateros o inhalantes, heroína y muchas otras.
El crecimiento de las maras tiene como contraparte el aumento de las remesas que envían los centroamericanos que viven en el exterior, y que se ha convertido en el principal flujo económico que sostiene las economías locales y la delincuencia.
La etimología de la palabra mara puede ser muy rica en metáforas, puede provenir de marabunta que es una especie de hormiga de colonia nómada que se alimenta de todo lo que encuentra a su paso. Por el nombre de mara es también conocida una de las maderas preciosas más resistente, la caoba. También recibe este nombre la liebre patagónica, roedor nativo del extremo sur de Sudamérica; también nómadas y que suelen criar a sus cachorros en una madriguera común en la que hasta quince madres pueden dejar sus camadas. En la mitología budista hablan de Mara como dios de la destrucción, señor de la ilusión, líder delos demonios que intentó evitar que Siddhartha alcanzara la iluminación; lo describían como una entidad maligna que habita en cada persona.
La identidad en la ciencia y en el lenguaje cinematográfico.
Las identidades sociales se construyen en contexto de interacción constituidos en forma de “mundos familiares” de la vida ordinaria, conocidos en su interior por los propios actores sociales no como objeto de interés teórico sino con fines prácticos pues dichos “mundos” proporcionan un marco cognitivo y normativo capaz de orientar y organizar las actividades cotidianas.
Sin embargo, la teoría de la identidad ha resultado una herramienta útil no solo para definir objetos de estudio, sino también para explicar fenómenos complejos como son, por ejemplo, los conflictos étnicos.
Muy a tono con la teoría (conscientemente o no) Poveda va lanzando miradas a tópicos esenciales en la vida real que tienen correlato en el contexto analítico del discursar de la ciencia.
Toda identidad (individual o colectiva) requiere la sanción del reconocimiento social para que exista social y públicamente, es en ese sentido que podemos observar los posicionamientos del otro (policías, ciudadanos comunes, una jueza, etc.) acerca de los que pertenecen a la pandilla.
A esto se le suma el tema de la distinguibilidad cualitativa que se revela, afirma y reconoce en los contextos de interacción y comunicación social en puntuales elementos diferenciadores entre las personas. La presencia de un conjunto de atributos idiosincráticos, la narrativa biográfica que recoge una historia de vida y la trayectoria social de la persona considerada, y la interiorización de la pertenencia a un colectivo, se presenta en lenguaje audiovisual ante nosotros como un compendio de historias de vida signadas por su pertenencia a un grupo social y físicamente, puesto que los tatuajes funcionan como atributos identificadores de estos. Atributos que tienden a ser exteriotipados y ligados a prejuicios sociales de tipos despreciativos, lo que termina por convertirse en un estigma: “el que posee un tatuaje es delincuente”.
La única manera de hablar de identidades colectivas es teniendo bien claro qué es una colectividad, nosotros entendemos tal cual Merton, como un conjunto de individuos que aun en ausencia de interacción y contacto próximo experimentan ciertos sentimientos de solidaridad porque comparten ciertos valores y porque un sentimiento de obligación moral los impulsa a responder de acuerdo a las expectativas ligadas a ciertos roles sociales. (1)
Así la única expectativa de asesinato de un miembro de la banda es la venganza del mismo a la cual se abocan todos como una actitud que denota valores como lealtad y solidaridad a sus iguales, matizándose el componente eminentemente violento de este tipo de conductas.
Las identidades colectivas existen en las capacidades de definir los propios límites, de generar símbolos (tatuajes, lenguaje de manos, formas de hablar y de vestir, etc.) y representaciones sociales específicos y distintivos de configurar el pasado del grupo como una memoria colectiva, compartida por sus miembros (paralela a sus propias historias de vida) e incluso reconocer ciertos atributos como propios y característicos.
Es en esa dinámica que los otros esperan de ellos que sean estables y constantes en la identidad que manifiestan, que se mantengan conformes a la imagen que proyectan habitualmente sobre sí mismos, por lo que se vuelve un interés de los órganos de represión llamarlos al orden pero a la vez comprometerlos a respetar su propia identidad. Un muchacho le confesaba a la jueza que él intentaba ir todos los días a la escuela pero que la policía no lo dejaba.
La identidad como valor también se despliega ante nuestros ojos en tanto observamos como la sola mención del nombre de la banda puede estimular la autoestima, el orgullo de pertenencia, la solidaridad grupal, la voluntad de autonomía y la capacidad de resistencia ante la penetración excesiva de elementos exteriores.
La violencia.
Existe una corriente de prácticas políticas que concibe la pobreza como causada por los pobres, la violencia por los violentos, etc., este modo de pensar es netamente racista y funciona de base ideológica como sostenedor de inequidades sociales que son en definitiva la raíz de cualquier tipo de violencia.
Explicaba Michael Parenti que el racismo tiene cierto número de funciones sistemáticas en la sociedad,la de asegurar un ejército laboral de reserva que mantiene los salarios bajos en toda la sociedad y que está dispuesto a realizar trabajos desagradables, insanos y muy mal pagados, es una de ellas.Las bandas de crimen organizado como la Mara 18 no se insertan igualmente a esos ejércitos laborales de reserva por los ingresos que les reportan sus actividades delictivas.
Esta pandilla afianza su identidad en encarnizada lucha contra la policía y su némesis, la Mara Salvatruchi (MS 13). No es de extrañar que el concepto de identidad se haya revelado útil para la comprensión y explicación de conflictos sociales bajo la hipótesis de que en el fondo de todo conflicto se esconde siempre un conflicto de identidad. Por conflicto de identidad entendemos aquel conflicto que se origina con motivo de la existencia de al menos dos formas de definir la pertenencia de una serie de individuos a un grupo (la M 18 y la MS 13 ambas pertenecen a la Mara). Con este fenómeno se da además el conflicto entre identidades, que son aquellos conflictos entre colectivos que no implican una disputa sobre la identidad sino que más bien la suponen, en el sentido de que el conflicto es un reconocimiento por parte de cada colectivo de su identidad y la del otro.(2)
A veces cuando más éxito tiene un grupo (un colectivo en este caso) en número y movilidad más fácil es que entre en conflicto con otro grupo, tomemos este ejemplo in extenso de Michael Parenti.
“Durante el siglo XIX en África del sudoeste una variedad de etnias vivieron en paz unas junto a otras con solo alguna escaramuza ocasional, esa amistad internacional tuvo lugar por la abundancia de tierras y recursos. Sin embargo, con la introducción de las armas de fuego desde Europa las tribus pudieron matar más números de animales y asegurarse más comida. Con la abundancia de comida se incrementó la población al igual que la demanda de cada tribu sobre la vida salvaje disponible la llegada de cazadores europeos redujo aún más la comida entonces los diversos pueblos entraron en guerras unos con otros”.
Esto explica los conflictos que surgen a menudo entre los más próximos e iguales; a lo largo de la historia hasta el presente hemos sido testigos de guerras étnicas: capuletos y montesco, güelfos y gibelinos, iroqueses y algonquianos, los Hatfields y los McCoys, etc.
Pero por otro lado el conflicto étnico y el racismo no es tan inevitable cuando se aprende a socializar bajo esos preceptos, recordemos la canción de Rodgers y Hammerstein en el musical de Broadway South Pacific:
Te han enseñado a odiar y a temer/ Te han enseñado año tras año/ Te han machado con esa idea tu pequeño oído/ Te han enseñado cuidadosamente.
Y así la policía sabe que los maras son el origen de todos los males sociales y por eso deberían exterminarlos; y los maras saben que hagan lo que hagan la policía es un cuerpo diseñado para no dejarlos vivir. Por eso los barrios salvadoreños se han convertido en lugares donde o matas o te mueren.
“La vida loca” describe una asfixiante realidad que se ahoga en la violencia; pero hace hincapié en que la violencia no es exclusiva de maras, existen estructuras sociales, políticas, económicas, jurídicas, ideológicas que aseguran su reproducción. La violencia es estructural al sistema y un elemento constitutivo de la identidad de las maras.

Citas y notas:
1-Robert K. Merton. Élements de théorie et de méthodesociologique. París, LibrairiePlon.
2-Michael Parenti. La batalla de la cultura. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 2009.

Centroamérica, en poder del 'narco'

Los fiscales alertan de que Guatemala, infestada de redes criminales locales e invadida por Los Zetas de México, es el primer 'narcoestado' de América Latina

¿Es Guatemala el primer narcoestado de América Latina? Según los fiscales que luchan contra la impunidad en la zona, si no lo es ya, está a punto de serlo. "Guatemala", explican, "es un país pequeño, con una larga tradición de corrupción y una economía tan débil -la carga impositiva apenas llega al 10% del PIB- que le impide desarrollar políticas sociales". De tal manera, el espacio que el Estado abandonó fue pasando a manos del crimen organizado. Hasta el propio presidente, Álvaro Colom, lo reconoció hace unos días a este periódico: "Cuando detuvimos al viejo capo Lorenzana, la gente me decía: 'suéltelo, él nos da plata y trabajo...'. Puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que los Gobiernos anteriores planificaron la entrega del país al narco". Según los fiscales, Guatemala está gobernado por dos redes criminales locales, que tratan de resistir la invasión del cartel mexicano de Los Zetas, que ya se ha hecho -a base de extorsión y muerte- con la zona norte del país.
Una tarde reciente de domingo, el presidente Álvaro Colom recibió en su despacho una lista con 12 nombres. Doce jueces y fiscales implicados en la lucha contra el crimen organizado y a cuyas cabezas la mafia ya había puesto precio. El presidente llamó a su ministro de Gobernación, Carlos Menocal. Este valoró el asunto y, unos días después, declaró a la prensa: "El Estado no tiene capacidad de proporcionar un carro blindado a los jueces amenazados". Según el fiscal, el resultado fue nefasto: "Lo que el Gobierno hizo fue poner en la mira a los funcionarios... Tal vez la gente no se está dando cuenta de que en Guatemala, en toda Centroamérica, el narcotráfico está avanzando muy rápidamente. Van a matar a más fiscales, van a matar a más ciudadanos". Al día siguiente, los periódicos de Honduras abrían con la siguiente noticia: "Sicarios matan a jefe de fiscales".
Ni en Guatemala ni en Honduras ni en Panamá funciona la justicia. Lo que sí funciona y muy bien, según la DEA, es el crimen organizado. Según el jefe de operaciones de la agencia antidrogas estadounidense, Thomas Harrigan, se está detectando un incremento sustancial del tráfico hacia Centroamérica de precursores químicos -indispensables para la elaboración de ciertas drogas-, así como de heroína procedente de Sudamérica. Tal y como demuestran las gráficas de la DEA que el presidente Colom mostró a este periódico, el tráfico de avionetas que parten de la frontera entre Venezuela y Colombia y aterrizan en pistas clandestinas de Guatemala, Honduras y Panamá no hace más que incrementarse. También el tráfico marítimo. Según el jefe de la DEA, "los buques de la droga parten desde América Central para abastecer a todo el planeta". Esto es posible, añade, por la corrupción y el ínfimo entrenamiento de las fuerzas policiales. De lo que no habló Harrigan, en su comparecencia ante el Senado, fue de la responsabilidad de EE UU en las calamidades que azotan a Centroamérica.
EE UU no es solo el comprador del 84% de la droga que parte en avionetas o en el fondo de los miles de contenedores que zarpan de Centroamérica, sino también del capítulo más abominable del tráfico de personas. "El tráfico de niños", según los fiscales consultados, "es un negocio que deja en Guatemala unos 200 millones de dólares anuales". La Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) ha logrado enviar a prisión a los principales notarios que amañaban las adopciones. Es la única buena noticia. Lo hacían con la complicidad de funcionarios que utilizaban documentos falsos para encubrir el robo de niños y con tal impunidad que ni se preocuparon en ocultar pruebas. Seguir su rastro es fácil. Lo difícil es encontrar jueces valientes como para arriesgar su vida enviándolos a prisión.
Hace una semana, y solo unos días después de decapitar a 27 campesinos en Petén, Los Zetas volvieron a matar. Esta vez al auxiliar de un fiscal en Cobán, en el Departamento de Alta Verapaz. "Los dos crímenes fueron muy bien planificados", explica un importante fiscal a este periódico, "se trataba de lanzar sendos mensajes, uno a la ciudadanía y otro a las instituciones. Y doy fe de que el miedo ya está empezando a surtir efecto. Hay fiscales que están renunciando y otros que están pidiendo el traslado a zonas más seguras. Y, por si fuera poco, el Gobierno ha dicho que no puede proteger ni a jueces ni a funcionarios públicos, lo que revela la debilidad del presidente".

Los hombres ante La Marcha de las Putas

Por Mildred Tejada*
El movimiento internacional que se generó en Canadá a raíz de las declaraciones del policía Michael Sanguinetti el cual indicó que “las mujeres deben evitar vestirse como putas para no ser víctimas de la violencia sexual”  ha tenido reacciones de diversos tipos.  Ante estas palabras, miles de mujeres canadienses salieron a protestar a las calles, vestidas de tacones, medias, escotes y minifaldas, iniciativa a la cual también se sumaron hombres para exigir una disculpa por parte de la Policía. La protesta ha tenido resultados más allá de una disculpa, por lo cual las manifestaciones se han extendido a países como Francia, Canadá, Estados Unidos, Argentina y Brasil.
Esta semana han marchado en Honduras, Nicaragua y México y una de las cosas que más ha llamado mi atención es el comportamiento de los hombres ante este movimiento de mujeres (que si bien es acompañado por hombres, todavía éstos hombres representan una minoría en las marchas).
En Nicaragua incluso unos hombres transeúntes llegaron a romper los carteles de las marchantes.
Acompañan a la diversidad de mujeres en la marcha; homosexuales, trans, policías, novios, esposos, artistas y un sector de hombres ligados a alguna institución a favor de la equidad. En Honduras marcharon hombres que pertenecen a instituciones como médicos sin fronteras, artistas, organismos internacionales, entre otros. Al fin, hombres de las nuevas masculinidades que rechazan en alguna medida los comportamientos machistas más marcados en las sociedades tradicionales y conservadoras.
Como bien lo decía la artista Karla Lara los policías no entendían la marcha y no sabían si era una marcha de trabajadoras sexuales o era una marcha de mujeres vestidas como trabajadoras sexuales. Los otros hombres que acompañaban la marcha, gritaban, cantaban las consignas y en esta marcha se pudo destacar uno o dos hombres heterosexuales vestidos de mujer, libre de prejuicios, iban y venían abrazando a las y los marchantes. Tres hombres con disfraz de mimos dramatizaban en cada esquina el comportamiento de los acosadores, vociferando palabras como adiós mamacita, entre otras.
La cobertura periodística de la marcha, antes, durante y después no se hizo esperar. El  tratamiento comunicativo que se le dio a la noticia era totalmente diferente cuando lo abordaba un hombre que cuando lo abordaba una mujer, los hombres periodistas que tienen programas de opinión y que muchas veces asumen posturas de líderes religiosos que hasta llegan a predicar en esos espacios,  manifestaron  en el marco de sus opiniones (que siempre son puestas en plural, porque ojo no es la opinión de él como periodista sino de la opinión pública) que “las mujeres que no les gusta recibir piropos son lesbianas” y me preguntó ¿Acaso las mujeres que tienen preferencias sexuales diferentes no son mujeres?. Graves aseveraciones de “formadores de opinión”, una carrera tan noble a la que con orgullo pertenezco,  en la cual nos enseñan en las aulas que los y las periodistas además de informar no podemos evadir la responsabilidad de educar a nuestra sociedad y  respetar los derechos humanos de todas las personas.
Un periodista varón, diputado del Congreso Nacional llegó a manifestar en su programa de opinión que “las mujeres que usan ropa demasiado provocativa logran  que los hombres se pongan nerviosos y pierdan los estribos”. Más grave aún sin profundizamos en las aseveraciones del varón/periodista/diputado podríamos pensar que se piensa en los hombres como seres irracionales, ¡animales que deben controlar sus instintos ante semejantes provocaciones! Pues el solo hecho que manifestemos que una mujer se viste provocativa es porque estamos considerando que se viste para provocar una reacción determinada en otra persona. Más bien la palabra correcta aquí  sería decir que esta mujer se viste atractivamente y porque no, decir es muy sexy o sensual. Porque ni la sensualidad, ni la sexualidad deben ser prohibida, censuradas o vetadas para las mujeres, y si esa forma de vestir es parte de su personalidad y es la forma con la que ellas se sienten cómodas deberían al menos ser respetadas.
Reflexionando sobre la irracionalidad del hombre ante provocaciones sexuales, me llama la atención la contrariedad que existe en el mensaje de la masculinidad hegemónica, los hombres si deben “controlar” sus emociones y sentimientos, no llorar en público, no abrazar ni besar mucho (especialmente a sus hijos varones) pero cuando de se trate de “provocaciones sexuales” como interpretan ignorantemente la vestimenta de una mujer, en casos como esos si es imposible que controlen sus instintos animales. Mayor determinación para justificar la violencia sexual no podría o debería ser exteriorizada y mucho menos a través de un medio de comunicación, que forma opinión, que educa.
Y haciendo el análisis de los mandatos de masculinidad que la sociedad le ha construido al hombre en el que le dice que el hombre debe cumplir con los marcadores de virilidad para poder demostrar su “hombría”.
Esta construcción cultural que les dice a los hombres desde niños en la escuela, en la casa, que el ser hombre es aquel que reúne las características de fuerte, frío, valiente y agresivo, viene a poner en crisis a la masculinidad ante los movimientos de personas a favor de la equidad de género. Ante movimientos de mujeres que se autonominan “putas” para desafiar de frente al machismo y una sociedad conservadora y de doble moral. “Fin de Mundo” me dice mi abuela de 93 años cuando me ve salir a la marcha vestida de la manera más atractiva y sexy que lo haya hecho en los últimos años. Respirando al caminar esa sensación de libertad y de control sobre mí misma.
Desde las posturas masculinas tradicionales vemos como los hombres interpretan la marcha como el llamado de las mujeres a rebelarse ante el poder y asumir con valentía que una ofensa a la cual por siglos le temían las mujeres, a esa ofensa ya no se le tiene miedo y salen  a las calles a demostrar que las mujeres son las dueñas de su vida, de su cuerpo y de sus decisiones sobre él.
Encontramos en palabras no solo de hombres sino también de mujeres, que la marcha era la pérdida del pudor, que las mujeres somos las culpables porque nos prestamos a participar en anuncios comerciales y en eventos semidesnudas, en esa  búsqueda de la culpabilidad nos encontramos con una sociedad machista de hombres y mujeres responsables de descalificar a la mujer y culparla de todas las conductas de independencia que ella demuestre.
También está el grupo de hombres que cuando ven en los medios los objetivos de la marcha se preguntan ¿las mujeres ya no quieren que les demos piropos? ¿Y ahora como las vamos a enamorar? Si la única forma de enamorar que conozco es la que he visto en mi barrio, en mi escuela, en el que le puedo guiñar un ojo y decirle adiós guapa.
El estereotipo que ha reforzado la masculinidad hegemónica del hombre que conquista, el cazador en sociedades como la nuestra le envía mensajes al hombre que la mujer “desea” el piropo, que si se pone la minifalda es porque “espera” al menos que la miren.
Le consultaba a hombres de las nuevas masculinidades como se da el cortejo entre ellos y las personas que les gustan y manifiestan que el cortejo se da cuando ellos como hombres en la búsqueda de la equidad que son, reconocen en primera instancia la atracción mutua y comienza una relación de cortejo basada en el respeto, la comunicación, la química, la vinculación emotiva y la expresión de los sentimientos.
Finalmente me gustó mucho uno de los lemas de la marcha que dice,  lo bueno de aceptar que el  NO es NO, es la certeza que el sí es SI. Pero para poder reconocer ese SI se requiere de desaprender todo lo que la sociedad, la escuela, la iglesia le dijo a usted que era el “ser hombre”.


miércoles, 6 de julio de 2011

Informe interesante...


APLICACIÓN DE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO A LOS OBJETIVOS DE  DESARROLLO DEL MILENIO EN EL SALVADOR
Irene López Méndez

Esta investigación tiene por objetivo definir orientaciones y recomendaciones sobre integración sistemática de la perspectiva de género en lo Objetivos del Mileno en El Salvador.

En el año 2004 se crearon 8 mesas temáticas apra tratar de coordinar las iniciativas de cooperación entre sí y con las políticas nacionales. Este trabajo surge como un nuevo paso a los trabajos realizados por estas mesas para coordinar acciones e impulsar la transversalización de género en todos los Objetivos Del Milenio.

Descárgate este informe en el siguiente link Aplicación de la Perspectiva de Género a los Objetivos de Desarrollo del Milenio